Me estoy desequilibrando y creo que no aguantaré más el esfuerzo de romper en sollozos. Sollozos que no se detendrán con una llamada. Tu voz no es suficiente para mí. Y le estoy diciendo a mi cabeza que aguante los gritos, que no se desmorone. Cuando tú llegues me abrazarás con tanta fuerza que olvidaré todos los problemas que me están callendo encima como el peso muerto de un piano.
Un día. Un maldito día sin verte y la consecuencia es la desesperación y la frustación pura y dura.* Tu ida arrasó con todo lo que
había en mi pecho, dejándo tras de sí un vacio insoportable. No puedo compartirte con tu familia.
Te quiero conmigo. Siempre. Y no porque sea egoísta, sino porque te necesito. Tú eres fuerte por mí, me haces olvidar sus gritos. Me haces la vida más fácil. Feliz. Silencias los demonios que rondan mi mente con una sonrisa. Tienes ese poder y te aseguro que nadie más lo tiene.
Veremos como aguanto el segundo día de los cuatro que me quedan hasta abrazarte, aplastar mis labios contra los tuyos, cogerte de la mano y no soltarte. Hasta entonces, disfruta de la calma que te proporciona el mar, seré fuerte cuando tú me llames, te quiero feliz.